La tarde anterior al partido, Lautaro no podía dejar de pensar en la cancha. Sentía la ansiedad recorrerle el cuerpo. Ya pasaron siete días desde aquella lesión que lo obligó a mirar desde la televisión cómo su equipo era humillado. A pesar del dolor, había hecho todos los ejercicios de recuperación indicados, y ese día ya había podido trotar con más confianza. Aún faltaban tres días para el alta médica completa, pero el partido contra la Academia San Esteban era al día siguiente… y no podía qu