La oficina estaba en silencio cuando Alessandro entró. Cada paso suyo resonaba con autoridad, como un recordatorio de que, aunque su cuerpo había sido débil, su mente y posición seguían intactas. Leticia lo acompañaba, demasiado cerca, intentando ocupar un espacio que no le pertenecía, sonriendo con una seguridad que él ignoraba deliberadamente.
—Bienvenido de vuelta, Alessandro —dijo un empleado, inclinando la cabeza—. Nos alegra verlo recuperado.
—Gracias —respondió él con voz fría—. Espero q