La luz del hospital era más brillante de lo habitual esa mañana. Alessandro permanecía sentado en la cama, con los vendajes ya retirados y su torso cubierto por una bata de hospital impecable, pero su postura era rígida, su mirada distante. A su lado, Leticia jugueteaba con su teléfono, ocasionalmente mirando hacia él con una sonrisa que pretendía ser dulce y cautivadora. Él ni siquiera la miraba, perdido en un vacío silencioso que ni ella parecía comprender del todo.
—Amore, te traje un desayu