El viento soplaba entre los viñedos del norte de Milán, moviendo las hojas verdes con un rumor suave que recordaba al mar. Rose se inclinó para revisar una hilera de cepas, el sol del mediodía tiñendo su piel con destellos dorados. A su alrededor, los trabajadores cortaban racimos maduros y los colocaban con cuidado en cajas de madera. El olor a tierra húmeda y uvas recién cortadas llenaba el aire.
Hacía semanas que Alessandro había retomado, en apariencia, sus negocios. Decía sentirse mejor,