CAPÍTULO 41.

Capítulo 41

El silencio en el dormitorio principal era tan denso que Sofía podía escuchar el tictac rítmico del reloj de pared, cada segundo cayendo como una gota de plomo.

Eran las tres de la mañana. Se giró en la cama, buscando una posición que aliviara la opresión en su pecho, pero no era un malestar físico. Era el peso de la mentira.

A pocos metros, la puerta del despacho de Miguel estaba entreabierta, dejando escapar una fina línea de luz blanca. De vez en cuando, el murmullo bajo de su v
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