CAPÍTULO 60.
Capítulo 60
La casa de Anna era un refugio acogedor, lleno de plantas y luz natural, pero para Sofía, cada rincón se sentía como una celda de cristal. Llevaba tres días instalada en la habitación de invitados, rodeada de maletas a medio abrir y una angustia que no la dejaba ni respirar.
Lo peor no era su propio dolor, sino el de Gael.
El bebé no paraba de llorar. Era un llanto persistente, una queja que no se calmaba con el biberón ni con los mimos. Gael extrañaba su cuna, el olor de su habitac