CAPÍTULO 40.
Capítulo 40
El trayecto de regreso al penthouse fue un campo de batalla silencioso. Las luces de la ciudad pasaban como ráfagas borrosas a través del cristal, pero dentro del vehículo, el aire pesaba tanto que Sofía sentía que cada bocanada le quemaba los pulmones.
Miguel no había soltado su mano desde que salieron del hotel, pero su agarre ya no era reconfortante. Era una declaración de propiedad. Sus dedos apretaban los de ella con una fuerza que rozaba la advertencia, mientras su mandíbula p