CAPÍTULO 42.
Capítulo 42
El aire en el piso cuarenta se sentía pesado, saturado de fragancias caras y el murmullo de las pantallas que proyectaban gráficos de rendimiento, pero para Sofía, era como respirar arena.
Miguel caminaba a su lado, con la mano firme en su cintura, una presión que era mitad apoyo y mitad advertencia para los que observaban desde sus cubículos de cristal.
Antes de llegar a la gran puerta de roble, Miguel se detuvo y la obligó a girarse hacia él. Le acomodó un mechón rebelde detrás de