CAPÍTULO 58.
Capítulo 58
El eco de los tacones de Melissa hacían eco en el amplio vestíbulo del penthouse. Miguel estaba sentado en su despacho, con la cabeza entre las manos, rodeado de un aura de derrota que su madre detectó apenas cruzó el umbral.
—Mírate, Miguel. Das lástima —sentenció Melissa, dejando su bolso sobre el escritorio con un golpe seco.
Miguel levantó la vista. Tenía los ojos rojos de pura furia y la mandíbula apretada.
—No estoy de humor para tus sermones, mamá.
—No es un sermón, es una bo