ALIANA
Estoy de pie en medio de un edificio de vidrio y acero que huele a pintura nueva, a ambición cara y a un dinero que nadie puede permitirse. Jenna da una vuelta lenta, con sus tacones resonando contra el hormigón pulido.
—Bien —dice ella—. Si no te quedas con este, te desheredo.
Me río. —Ni siquiera eres mi dueña.
—Soy tu dueña emocional —responde—. Es algo distinto.
Este es el cuarto edificio de hoy. Corrección: el cuarto después de haber reducido la lista de doce. Me froto la sien. —No