ALIANA
La sala de conferencias permanece en silencio pero tensa mientras me siento a la cabecera de la mesa con una tableta frente a mí, revisando diferentes perfiles con la espalda recta. Jenna descansa a mi lado como si fuera la dueña del edificio; lo cual, técnicamente, no es, pero en el mundo espiritual ella me gobierna a mí y a todo el lugar.
—Candidato número siete —murmura Jenna, mirando el archivo—. Si este vuelve a mentir sobre Excel, renuncio a la vida corporativa.
Suelto un bufido. —