ALIANASiete años.Ese es el tiempo que llevo siendo la señora de Dominic Blake: esposa, entretenimiento, decoración y muda.Si algún día llego al cielo, estoy segura de que los ángeles se reirán al descubrir que mi mayor pecado fue amar a mi marido en exceso.Me quedo en un rincón del salón de baile, con la copa de vino blanco aún llena en la mano. Mi imagen se refleja en la superficie brillante: serena, refinada, perfectamente compuesta, como la réplica sin vida de la mujer que alguna vez fui.La risa de Dominic recorrió el ambiente. Está al otro lado del pasillo, con el brazo rodeando la cintura de otra mujer. Su vestido rojo se ajusta a sus curvas como si estuviera cosido a su cuerpo. Ni siquiera recuerdo su nombre. Ha habido demasiadas mujeres colgando de su brazo últimamente.No me inmuto. Solo doy un sorbo al vino.—¿Todavía finges ser una estatua, señora Blake?La voz viene de detrás de mí, afilada y divertida. Es Jenna, la hermana de Dominic y la única persona que me trata co
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