Oficina de Andrea Rossi. Noche.
La oficina ocupaba toda la última planta de un edificio de granito negro en el distrito financiero. No tenía cartel en la puerta, ni nombre en el ascensor. Solo una placa de latón con un número: 13. Los supersticiosos se persignaban al pasar. Andrea Rossi lo había elegido a propósito.
El suelo era de mármol blanco, cubierto en parte por alfombras persas de tonos burdeos. Los muebles, de nogal oscuro, brillaban con cera de abeja. En las paredes colgaban cuadros de