El punto de vista de Mariana
El hombre de gris se aclaró la garganta y se sentó lentamente. "Perdónanos, joven amo".
Joven amo. El título me sonó como algo sacado de una mala novela histórica.
El chico lo ignoró. Rodeó la mesa, sus zapatillas iluminadas en silencio sobre la alfombra. Se detuvo frente a la londinense. Ella le ofreció una amplia y ensayada sonrisa.
La estudió a la cara un segundo, con la cabeza ladeada. "Hablas demasiado", dijo, simple y claro. "Lo noto con solo mirarte".
Su sonr