Punto de vista de Mariana
La pesada puerta se cerró con un clic tras mí, dejando pasar la última luz del pasillo. Me apoyé en la madera maciza un segundo, con la frente apoyada en su superficie fresca, y exhalé. El aire de mi habitación estaba quieto y olía ligeramente a pulimento de limón. Era un silencio que parecía merecido. No el silencio tenso y enroscado de esperar disparos o alarmas, sino la calma lenta y agotada que llega tras la supervivencia. Cuando el único sonido es el de tu propio