Punto de vista de Mariana
Era un salón amplio y abierto con ventanales que ofrecían una vista vertiginosa de la ciudad. La sala estaba llena de gente, quizás unas treinta. Pero no se oía el bullicio de las conversaciones. El aire era quieto y fresco. La gente permanecía en grupos silenciosos o sentada sola. Eran de distintas edades, algunos con elegantes atuendos de negocios, otros con ropa informal elegante. Pero todos compartían algo: una tez pálida, casi exangüe, y una postura tan rígida que