Punto de vista de Mariana
La pesada puerta de la escalera se cerró con un clic tras nosotros, sellando la estéril sala de entrevistas. El repentino silencio fue un alivio. Seguí al chico medio tramo hasta un rellano amplio. Inmediatamente se agachó, con la espalda contra la pared de hormigón, y abrió su portátil. El brillo de la pantalla iluminó su rostro concentrado. Sus dedos se deslizaron sobre las teclas con una velocidad y una seguridad francamente desconcertantes.
Me apoyé en la fría bara