Punto de vista de Mariana
Los disparos cesaron. El ruido se apagó. Un silencio repentino y tenso se apoderó de mí, roto solo por el zumbido de los motores y los sollozos cada vez más débiles de Yolanda.
Me cedieron las piernas por completo. Me deslicé contra la pared curva de la cabina hasta quedar sentada en el suelo, todavía abrazada a Yolanda. Me temblaban tanto las manos que apenas podía sostenerla. Las miré fijamente, fascinada y horrorizada por el temblor.
Ella sollozaba, hundiendo su ros