El rugido de las olas chocando contra las rocas de los acantilados fue lo último que Aria escuchó antes de que la puerta de servicio de la mansión se cerrara tras ella.
Killian la había empujado hacia la oscuridad del bosque circundante segundos antes de entregarse a los guardias de Silas.
— ¡Vete! — le había siseado él, con los ojos inyectados en sangre — No dejes que esto sea en vano, busca a Julian en la Comisaría Central de Nassau, el traslado a Blackwood es a medianoche… ¿Tienes lo que te