El eco de la humillación de Julian aún vibraba en las paredes de "The Abyss".
Aria caminaba por el pasillo superior, con la cinta de seda apretada en su mano, buscando refugio en la soledad, sin embargo, al pasar cerca de la biblioteca, una risa femenina, y afilada como una hojilla, la obligó a detenerse.
— Lo has conseguido, Killian — la voz de Bianca era un ronroneo triunfal — La has convertido en una de nosotros. Arthur está impresionado, pero ahora que el teatro ha terminado, es hora de cob