El comedor principal de "The Abyss" estaba bañado en una luz de velas que hacía que la platería brillara con una malevolencia aristocrática.
Aria se miró por última vez en el espejo del vestíbulo.
Llevaba un vestido de seda negra, profundo y gélido, y en su muñeca, oculta bajo el encaje de la manga, sentía la caricia áspera de la cinta amarillenta, era su ancla y, al mismo tiempo, su condena.
Killian apareció detrás de ella, se veía impecable, una estatua de granito envuelta en un esmoquin a me