La mansión Sterling se sentía como un sarcófago de paredes frías que se cerraban cerniéndose sobre Aria de manera sofocante.
La chica aprovechó el cambio de turno de la seguridad y el hecho de que Killian estaba encerrado en una videoconferencia con los inversores de Londres para deslizarse por la salida de servicio.
No llevaba joyas, ni el vestido de encaje, vestía unos vaqueros y una sudadera oscura, intentando recuperar a la mujer auténtica y sin adornos que solía ser antes de que el oro y e