El silencio tras la inspección del FBI se sentía como una cuerda de piano a punto de romperse.
Aria caminaba por el ala este, todavía sintiendo el frío de la mirada de Bianca Valmont en su nuca.
Necesitaba aire, y necesitaba recordar quién era antes de que el apellido Sterling la devorara por completo.
A las afueras del invernadero, vio un coche aparcado. No era uno de los vehículos blindados de Killian, sino un Volvo gris, práctico y desgastado. J
ulian Ashcroft estaba allí, apoyado contra la