El clic metálico del encendedor de Bianca sonó como un disparo en el silencio de la habitación.
La llama bailó en los ojos oscuros de la mujer, proyectando sombras alargadas sobre la fotografía forense, Aria sintió que el suelo se convertía en arena movediza, el aire se volvió denso, cargado con el perfume de Bianca que ahora olía a azufre.
— Sal de mi habitación — Aria logró articular, aunque su voz sonó como un cristal rompiéndose.
Bianca no se movió.
Pasó el dedo por la imagen de la culata,