El silencio de la noche en Liria solía ser apacible, lleno de los susurros del bosque y del distante canto de los lobos. Pero ahora, ese mismo silencio tenía filo. Se sentía como un cuchillo arrastrándose por las paredes del castillo, buscando la carne blanda de la traición.
Serena no dormía.
Desde que los fragmentos comenzaron a resonar entre sí, su cuerpo se comportaba como si una llama silenciosa le recorriera las venas. Había momentos en que la temperatura de su piel se elevaba sin razón, e