Mundo ficciónIniciar sesiónLa oscuridad en el bloque de máxima seguridad no era total; estaba teñida de un rojo mortecino por las luces de emergencia. El silencio solo era interrumpido por el goteo rítmico de una tubería y el zumbido eléctrico del collar de Bryan, que lanzaba pequeñas descargas cada vez que su ritmo cardíaco se aceleraba por un recuerdo de Natalia.
Bryan estaba sentado en el suelo, con la espalda contra el muro de hormigón. Había estado intentando descifrar el patrón del panel electrónico, pero el sedante de Vance aún nublaba sus sentidos. Fue entonces cuando lo escuchó.
No fue un grito, ni un golpe. Fue un susurro, una voz rasposa que parecía venir de las entrañas mismas de la pared.
—No lo lograrás escuchando los circuitos, cachorro. Esta prisión no se construyó para humanos. Se construyó para nosotros.
Bryan se tensó, poniéndose de pie con dificultad. Se acercó a la pared derecha, donde el sonido parecía más claro. —¿Quién está ahí? —preguntó, su voz apenas un eco seco.
—Alguien que lleva viendo estas cuatro paredes desde antes de que tú tuvieras dientes para morder —respondió la voz. Hubo una tos seca, dolorosa—. Me llaman Silas. O al menos eso hacía tu padre.
Bryan sintió que el corazón le daba un vuelco. ¿Silas? Natalia nunca mencionó ese nombre, pero la forma en que pronunció "tu padre" tenía un peso de verdad que no podía ignorar. —¿Conociste a mi padre? Derek me dijo que todo su círculo cercano fue exterminado.
Una risa amarga y corta resonó al otro lado. —Derek siempre fue bueno contando las partes de la historia que le convenían. Él no me mató porque necesitaba mis secretos. Pero cuando Vance tomó el control del proyecto, me arrastraron aquí. Soy el "Paciente Cero", Bryan. El primer experimento exitoso de hibridación que salió mal.
Bryan pegó la oreja al muro, ignorando el dolor del collar. —Si eres tan importante, ¿por qué no has escapado?
—Porque no tengo lo que tú tienes —dijo Silas, y Bryan pudo jurar que sentía la intensidad de su mirada a través de los ladrillos—. Mi lobo murió hace años bajo el bisturí de Vance. Pero tú... yo puedo olerlo. Tu lobo no está muerto, está hibernando. Ese collar es potente, pero tu sangre de "Sangre Pura" es una anomalía biológica. Tienes la capacidad de adaptarte.
—No siento nada —confesó Bryan con amargura—. Solo dolor y electricidad.
—Eso es porque estás luchando contra el collar. Tienes que dejar de pelear como un lobo y empezar a pensar como la sangre que te dio origen. Tu linaje no dominaba por la fuerza, Bryan, sino por la conexión. El collar emite una frecuencia. Si logras que tu ritmo cardíaco se sintonice con esa frecuencia, el dispositivo entrará en bucle y se reiniciará. Tendrás diez segundos de libertad antes de que se reactive.
Bryan se quedó helado. Diez segundos. En el mundo de los licántropos, diez segundos era tiempo suficiente para destrozar una garganta o derribar una puerta.
—¿Por qué me ayudas? —preguntó Bryan, desconfiado—. Podrías haberme dejado morir en silencio.
—Porque Vance ha traído algo nuevo hoy —la voz de Silas se volvió un hilo de terror—. He oído a los guardias. No solo te quieren a ti. Han capturado a una rastreadora en los límites del sector 4. Una chica joven, de pelo oscuro. Dicen que es la clave para que te rindas definitivamente.
El mundo de Bryan se detuvo. Natalia. La habían atrapado. El sacrificio del capítulo anterior no había sido suficiente. El Coronel Vance no tenía honor; solo tenía hambre de control.
—¿Natalia está aquí? —Bryan golpeó la pared con el puño, olvidando el collar. Una descarga masiva lo lanzó al suelo, sacudiendo cada músculo de su cuerpo. El humo salió de los bordes del dispositivo.
—Si no te calmas, morirás antes de verla —advirtió Silas—. Escucha el zumbido, Bryan. Conviértete en el zumbido. Sincroniza tu dolor. Es la única forma de salvarla.
Bryan, tendido en el suelo frío, con las lágrimas de rabia quemándole los ojos, cerró los párpados. Dejó de luchar contra la electricidad. Empezó a respirar al ritmo de los pulsos rojos del collar. Bip. Bip. Bip.
Poco a poco, el dolor empezó a transformarse en una vibración familiar. En su mente, el lobo blanco abrió un ojo. No aulló. No luchó. Simplemente esperó.
—La traen por el pasillo —susurró Silas—. Puedo oler su miedo. Prepárate, cachorro. Es ahora o nunca.
Los pasos pesados de los guardias se detuvieron frente a la celda de Bryan. El cerrojo hidráulico gimió. La puerta se abrió y Vance apareció, arrastrando a una Natalia encadenada y golpeada, pero con el fuego todavía ardiendo en sus ojos.
—Mírala bien, Bryan —dijo Vance, agarrando a Natalia por el cabello—. Porque si no me das la secuencia de ADN que necesito en la próxima hora, ella será la primera en probar el nuevo suero de plata líquida.
Bryan no respondió con palabras. Miró a Natalia, y en ese contacto visual, le envió un mensaje silencioso. Luego, cerró los ojos y sincronizó su último latido con la luz del collar.
Click.
Las luces del inhibidor pasaron de rojo a un verde pálido. El zumbido cesó. Por primera vez en días, Bryan sintió el bosque, el poder y la furia de mil antepasados fluyendo por sus venas.
Tenía diez segundos.







