Mundo ficciónIniciar sesiónEl cronómetro mental de Bryan se detuvo. Tres segundos. El mundo se redujo al brillo de la plata en el hombro de Derek, el acero en el cuello de Natalia y los ojos cansados de su madre.
—¡Uno! —gritó Vance, saboreando el momento.
Bryan no miró a Natalia, ni a su madre. Miró a Derek. Sus ojos se encontraron y, por primera vez, hubo un entendimiento mudo entre el viejo Alfa y el nuevo. Bryan comprendió que para vencer a un monstruo como Vance, él tenía que convertirse en algo peor.
—¡Dos!
—¡Detente! —rugió Bryan. El sonido no salió de su garganta, sino del aire mismo.
Bryan dio un paso al frente, soltando el brazo de su madre. Sus manos se abrieron, mostrando las palmas en señal de rendición.
—Vance, quieres un Sangre Pura —dijo Bryan, su voz ahora era fría, desprovista de emoción—. Me tienes a mí. Pero mi madre está herida y Derek se desangra. Si muero aquí, mi sangre se enfriará y no te servirá para tus experimentos.
El Coronel Vance entrecerró los ojos, haciendo una señal a sus hombres para que no cortaran el cuello de Natalia aún. —¿Qué propones, cachorro?
—Un intercambio —dijo Bryan, caminando hacia el centro del claro, bajo todas las miras láser—. Deja que Natalia se lleve a mi madre y a Derek fuera de Eldoria. A cambio, me entregaré voluntariamente. Me pondré el collar inhibidor. Seré tu rata de laboratorio, pero solo si ellos cruzan la frontera del bosque sanos y salvos.
—¡No, Bryan! ¡No lo hagas! —gritó Natalia, forcejeando.
Derek soltó un gruñido ahogado, intentando levantarse, pero la plata líquida estaba paralizando sus músculos. —Cachorro... no seas... estúpido...
Vance sonrió. Era una sonrisa de tiburón. —Un sacrificio noble. Muy propio de tu padre. Acepto. Pero para asegurarme de que no intentes nada, tú mismo te pondrás esto.
Vance lanzó un pesado collar de hierro negro a los pies de Bryan. Tenía púas hacia el interior y luces rojas que parpadeaban: un inhibidor de pulso eléctrico diseñado para quemar los nervios de un lobo si intentaba transformarse.
Bryan miró a Natalia una última vez. "Lo superaré", pensó, aunque por dentro sentía un terror abismal. Se arrodilló y, con manos temblorosas, ajustó el collar a su cuello.
El dolor fue instantáneo. Una descarga eléctrica recorrió su sistema, bloqueando su conexión con su lobo interno. Bryan cayó de bruces, gritando mientras su visión se oscurecía. Su parte animal quedó encerrada en una celda de dolor dentro de su propia mente.
—¡Suelten a la chica y dejen que se lleven a la loba y al Alfa! —ordenó Vance, bajando de su camión con una jeringa en la mano—. Ya tengo lo que quería.
Los cazadores soltaron a Natalia. Ella corrió hacia Bryan, pero los soldados la repelieron a culatazos. Derek, con un esfuerzo sobrehumano, logró arrastrar a la madre de Bryan hacia la espesura de la niebla que aún persistía.
—Vete, Natalia... —susurró Bryan entre dientes, mientras Vance le clavaba la aguja en el cuello—. Cuida de ellos. Volveré por ti.
Vance se inclinó sobre él, inyectándole un sedante que prometía una oscuridad eterna. —Lo dudo, muchacho. A donde vas, no hay bosques, solo paredes de concreto.
Antes de perder el conocimiento, Bryan vio a Natalia desaparecer en el bosque con Derek y su madre. Había salvado a su familia, pero a cambio, se había convertido en un prisionero del hombre que más lo odiaba. El sacrificio estaba hecho: Bryan ya no era libre, y su lobo, silenciado por el collar, parecía haber muerto en su interior.







