Mundo ficciónIniciar sesiónEl pulso de Bryan golpeaba en sus sienes como un tambor de guerra. El sonido del arma amartillada en la distancia lo devolvió a su realidad: ya no era el chico que trabajaba en el taller del pueblo; era una presa.
—¡Corre! —ordenó Natalia, tirando de su mano.
Se internaron en la maleza más espesa de Eldoria. Bryan, aún desnudo bajo la chaqueta de Natalia, sentía que sus pies descalzos no sufrían con las piedras o las espinas. Su piel era más dura, su resistencia sobrehumana. Pero su mente estaba hecha un caos.
—¿Tu familia? —jadeó Bryan mientras saltaban un tronco caído—. Dijiste que eran rastreadores. ¡Dijiste que me amabas!
—¡Y lo hago! —gritó ella sin detenerse—. Pero mi padre no busca un yerno, Bryan. Busca un trofeo. Él sabe que el linaje de los "Sangre Pura" no murió con tu familia. Han pasado veinte años rastreando tu rastro genético.
Se detuvieron frente a una pared de roca cubierta de musgo. Natalia presionó una piedra específica y una entrada estrecha se reveló. Era un antiguo refugio de piedra, oculto por la magia que ella misma parecía emanar. Al entrar, el olor a incienso y libros viejos lo invadió.
Bryan se dejó caer en un catre, temblando. La adrenalina estaba desapareciendo, dejando paso a una vulnerabilidad absoluta. Natalia se acercó con una manta y algo de ropa, pero él la rechazó con la mirada.
—¿Quién soy realmente, Natalia? Derek dijo que mi rastro apestaba a pureza.
Natalia suspiró, sentándose en el suelo frente a él. —Tu padre era el Alfa original de Eldoria. No era un tirano como Derek. Él creía en la convivencia. Pero Derek lo traicionó. Hizo un pacto con los cazadores para eliminar a tu linaje y quedarse con el mando. Lo que Derek no sabía es que mi madre, una rastreadora con conciencia, te salvó y te entregó a una familia humana.
Bryan sintió que el mundo se desmoronaba. Todo su odio hacia Derek tenía ahora una base de sangre. No solo era un rival por Natalia; era el asesino de su padre.
—Entonces, ¿por qué el pacto? —preguntó Bryan con voz ronca—. ¿Por qué quieres que aprenda de él si es un asesino?
—Porque Derek tiene algo que tú necesitas para sobrevivir a la luna llena que viene en tres días —respondió una voz profunda desde las sombras de la cueva.
Bryan se puso en pie de un salto. Derek estaba allí, apoyado en el arco de piedra de una habitación interior, observándolos con una calma insultante. Ya no vestía una capa, sino ropa táctica oscura.
—Necesitas el Gnosis —continuó Derek, avanzando con paso depredador—. Sin un Alfa que te guíe en tu primera transformación completa, tu lobo devorará tu alma humana. Te convertirás en una bestia sin retorno. Y luego, los cazadores te matarán como al animal que serás.
—¿Y tú me vas a ayudar? ¿Después de lo que le hiciste a mi padre? —Bryan se lanzó hacia él, pero Derek lo detuvo con una sola mano, apretando su cuello con una fuerza que le recordó quién mandaba allí.
—Lo hice por la supervivencia de la manada —gruñó Derek a centímetros de su cara—. Tu padre era débil. Pero tú… tú tienes un fuego que él nunca tuvo. Si sobrevives a la luna llena, pelearemos por el trono. Pero hasta entonces, eres mi responsabilidad.
Natalia se interpuso entre ambos, poniendo una mano en el pecho de cada uno. La electricidad volvió a saltar entre sus dedos. —Basta. Los cazadores están rodeando el perímetro. No pueden entrar por el sello, pero no podemos quedarnos aquí para siempre.
De repente, un estruendo sacudió la cueva. No era un disparo. Era una explosión sónica. Bryan cayó al suelo cubriéndose los oídos; su audición hipersensible estaba siendo torturada.
—Granadas de frecuencia —dijo Derek, transformando sus ojos a ese amarillo eléctrico—. Han traído tecnología nueva.
Natalia corrió hacia una mesa llena de mapas, pero se detuvo en seco al ver un monitor que parpadeaba en una esquina del refugio. Su rostro se volvió de papel.
—¿Qué pasa? —preguntó Bryan, luchando por ponerse en pie.
—No solo es mi familia —susurró Natalia, mirando la pantalla de seguridad—. Mi padre ha traído a alguien más.
Bryan se acercó y vio la imagen en blanco y negro de las cámaras exteriores. Un hombre de pelo canoso y uniforme militar lideraba a un grupo de hombres armados con ballestas de plata. Pero a su lado, encadenada y con un collar inhibidor, había una loba de pelaje grisáceo, herida y débil.
Bryan sintió un tirón en su pecho, un vínculo que nunca había sentido antes.
—Esa loba… —balbuceó Bryan.
—Es tu madre, Bryan —dijo Derek, con una nota de sorpresa genuina en su voz—. No la mataron. La han tenido cautiva durante veinte años para usarte como cebo.







