LAURETH
Los días habían pasado con calma, hasta que un aire distinto llenó el palacio. Pero Lyra estaba más callada de lo normal. No canturreaba, no corría por los pasillos como siempre.
La encontré sentada junto a la ventana, abrazando a su muñeca favorita. Sus ojitos brillaban con lágrimas contenidas. Me acerqué y me agaché frente a ella.
—Mi niña… —susurré acariciando su cabello—. ¿Qué pasa?
Ella apretó los labios y me miró con un destello de dolor.
—Hoy es el aniversario de mi mami… ya será