LAURENTH
Después del almuerzo, el sol iluminaba el prado que se extendía detrás de la mansión. El aire estaba fresco, cargado con el aroma de las flores silvestres. Me senté con Lyra en la hierba, aún con la sensación de agotamiento en mi cuerpo después de la pasión de Kael la noche anterior. Sonreí al verla tan inquieta, con esos ojitos brillantes de emoción.
—Bueno, mi cachorra —le dije acariciándole los rizos—. ¿Quieres conocer a Alya?
—¡Siiii, mami! —sus ojitos se iluminaron como estrellas.