ALFA RHYDAN
Había olido a Zarina desde la primera pista. Un rastro sutil, mezclado con el perfume caro que tanto me desagradaba. Su aroma me llevó por las calles atestadas hasta la boutique más exclusiva del mercado. No era sitio para mí, ni para nadie de mi gente, pero la venganza no entiende de lugares; solo de pasos que acercan.
Entré sin anunciarme. El aire interior olía a terciopelo y a incienso, a riqueza mal disimulada. Miré los estantes con desprecio hasta que vi el reflejo de su pelo o