KAELAN
Lo vi llegar a mi manada como un espectro. Rhyd no caminaba: arrastraba el peso de algo que lo había desmoronado por dentro. Andrew y Davis lo observaron en silencio desde el pasillo, tensos, porque hasta ellos podían percibir la gravedad en su mirada.
—¿Qué ocurrió? —le pregunté, aunque ya presentía que sus palabras traerían más oscuridad de la que teníamos encima.
Rhyd se detuvo frente a mí. Su respiración era irregular, sus ojos llenos de rabia y vergüenza.
—Lo vi. A él.
Fruncí el ceñ