KAELAN
Después de separarme de Rhydan corrí como un condenado. Mis pasos retumbaban contra el suelo de la mansión, cada guardia que se cruzaba bajaba la cabeza de inmediato, porque mi aura era pura furia y confusión. Yo mismo sentía que mis ojos ardían dorados, que mi pecho no encontraba aire. Tenía una tormenta en la cabeza, y solo había un lugar al que podía ir, un único refugio capaz de devolverme la paz.
Empujé las puertas con violencia y entré en nuestra habitación.
Y allí estaba ella.
Lau