KAELAN
Sabía que estaba ahí.
No necesitaba verla, el vínculo tiraba de mí como una cuerda invisible. El aire mismo me lo dijo: mi hembra había salido de la habitación.
Crucé el patio en silencio, los guardias se inclinaron, pero yo apenas los miré. La luna llena bañaba el bosque en plata, seguí su aroma a jazmín, miel y entonces la vi.
Laurenth ya no era Laurenth.
Era Alya.
Su loba estaba ahí, imponente, hermosa, segura, de un color dorado hermoso, casi luminosa bajo el cielo nocturno. La brisa