LAURETH
El suelo de mármol parecía interminable bajo mis pasos. Caminaba al lado de Kaelan, y aunque mi espalda estaba recta y mis manos quietas, por dentro era un huracán.
—Tranquila, lo harás bien —murmuró él, rozando con la suya mi mano.
Respiré profundo, casi conteniendo el temblor.
—¿Y si no me aceptan? ¿Y si piensan que una omega estéril no tiene nada que aportar?
Kaelan me miró de reojo, sus ojos dorados firmes, seguros, con esa calma que me envolvía incluso cuando el mundo se tambaleab