El eco de unos pasos resonó en el pasillo frío del hospital, firmes, seguros, como si su dueño no tuviera miedo de nada… o como si supiera exactamente hasta dónde podía jugar con fuego sin quemarse.
—Doctora Ríos —dijo una voz grave y contenida a sus espaldas—. Qué gusto volver a verla.
Valeria se giró en seco, su guardia ya alta desde que recibió el último acceso no autorizado al historial de Clara. El hombre frente a ella tenía el cabello con canas perfectamente peinado, bata impecable, y una