Valeria cerró la puerta tras ella y apoyó la espalda contra la madera. El día había sido largo, pero el cansancio no lograba apagar el fuego que ardía bajo su piel. Había llegado la hora de jugar fuerte.
—¿Estás lista? —preguntó Javier, uno de los pocos en quienes confiaba—. Tenemos todo el material.
Valeria asintió, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. —Vamos a mostrarles que no soy tan fácil de sacar del camino.
Sobre la mesa, su equipo secreto desplegó pruebas recolectadas en silencio: