Cuando abrí los ojos por segunda vez, el sol ya había trepado lo suficiente para colarse a través de las cortinas, pintando mi habitación con tonos dorados. No recordaba en que momento me volvi a quedar dormida pero el lado de la cama donde Alex había dormido estaba vacío y frío.
Un Solo un mensaje en mi celular, enviado a las 6:15 de la mañana:
“Llegué al hospital. Duerme un poco más, Montenegro. Hoy quiero verte sonriendo.”
Sonreí, leyendo sus palabras en voz baja, como si fueran un secret