Esa noche me detuve frente al espejo.
No tenía un motivo claro. No estaba buscando nada en particular.
Solo pasé frente al baño con el cabello todavía húmedo, una taza a medio terminar entre las manos, y ahí estaba: yo, reflejada. Mirándome como si no me reconociera del todo.
La luz era tenue, amarilla, y el vapor del agua caliente seguía aferrado al vidrio, como una niebla suave. Me observé en medio de ese velo.
Una figura apenas definida.
Una silueta que conocía bien… y al mismo tiempo, apena