Por la noche, en casa, la familia se reunió en el jardín conmemorando la vida y muerte de la abuelita fallecida.
—¡Que viva la abuela Livia! —gritaron todos al unísono, levantando sus copas de jugo y vino.
Reik miró al cielo, con lágrimas contenidas.
—Gracias, abuela… por darnos tanto amor.
—¡Y por dejarme la casa con el atico grande! —añadió Nicolás, recibiendo un codazo de Reik mientras todos reían.
Mientras tanto, Ivanna, desde un cerro cercano, miraba la casa iluminada con luces de colores