Fue una noche larga.
Besos enredados, caricias prohibidas, risas, gemidos, gemelos compitiendo por cada lágrima de placer que le sacaban.
A ratos, Nielsen la tomaba del cabello y la hacía mirarlo a los ojos.
—¿Quién es mejor, ah? Dilo, Ivanna… dilo.
Ella reía sin responder, para luego gemir y rogarle que no se detuviera.
—Los deseo, quiero sentirlos dentro de mi.
—Somos alfas dominantes, tal vez no puedas con ambos.
—Yo me preocupo por eso. No sean cobardes.
—¿Estas... tomando supresores?
— Por