CAPÍTULO 4No pasó mucho tiempo antes de que Beatriz se abriera paso entre el grupo de empresarios que rodeaban a su hijo. Lucía un vestido de seda azul noche, y su sonrisa, aunque amable, tenía ese brillo de "te atrapé" que Sebastián conocía desde la infancia.— Sabía que verte llegar con esa mujer significaba algo, Sebastián —dijo Beatriz, acercándose lo suficiente para que solo él la escuchara, aunque su tono era vibrante de entusiasmo—. Tu hermana, Sofía, estaba genuinamente preocupada de que llegaras a su boda el mes que viene sin compañía, una vez más. Ya sabes cómo es ella de dramática.Sebastián suspiró, cerrando los ojos un breve segundo — Mamá, no empieces, por favor. No te he presentado a nadie aún y no hay motivo para hacer un culebrón de esto.— Eso es cierto —concedió Beatriz, paseando la mirada por el salón con la precisión de un halcón—. ¿Dónde está? No me digas que ya se asustó y se fue.Sebastián buscó a Catarina con la vista. La había dejado cerca de la mesa de pos
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