Me desperté de pronto, miré el reloj y no había pasado ni una hora. Jelena dormía, su rostro estaba pálido y demacrado, pero dormía. Me levanté y bajé de nuevo. Vi a Gael, sin camisa y con una venda alrededor de su torso. Quedamos él y yo.
—Eres un maldito imprudente —Me gritó.
—¿Yo? Lo dice el hombre que fue directo a una emboscada —repliqué.
—Y tu inocente, ¿Creíste que me iban a emboscar? ¿A mí? Sabía a dónde iba. Sabía bien qué iba a pasar.
—Sí, supongo que la herida…
—No soy un maldito mago