Eitor estacionó el auto en un galpón grande. Me hizo ir tras de él, caminamos sin decir nada, su expresión era seria y se veía bajo estrés, no me decía nada, y yo tampoco me atrevía a preguntar, antes de salir, lo vi tomar un arma. Me arrepentí de no traer la mía. No acostumbraba a usarla tanto, pero sabía que era necesaria a veces. Esa noche parecía una de esas veces.
—Esperarás aquí —me dijo al entrar a una oficina moderna.
—¿Y tú a dónde vas?
—No importa a dónde voy. Aquí estarás segura.
—¿Po