Era el día en que nacería Juan Pablo. Lola insistió en hacerme el desayuno, estaba emocionada, yo también, aunque trataba de disimularlo, al terminarlo, lo sirvió, hizo que me sentara a la mesa y se subió sobre mi regazo, insistió en dármelo en la boca, reímos como tontos.
—Estás muy graciosa.
—Estoy feliz esposo mío—dijo recostando su cabeza de mi hombro. Busqué su boca y besé sus labios.
El día que nos casamos me dijo que sabía que lo hacía para forzar a Jelena a avanzar, dijo estar de acuerdo