— No es necesario dar detalles, Max… — Isabela separó a su esposo de Mari, pues su hija se veía abrumada. — Yo tampoco lo sabía, me enteré hace poco y para mí también fue abrumador…
Mari bajó la vista con tristeza, cuando sintió una cálida mano que entrelazaba los dedos con los de ella y al voltear, allí estaba David, serio, pero implacable, con su sola mirada, Mari podía sentir su apoyo.
— ¡Lo voy a matar! ¡Voy a buscarlo ahora mismo y lo voy a matar! — Voceo Máximo dando un par de zancadas