Capítulo 38 — Contigo

Mari parpadeó, incrédula, con su corazón golpeando con fuerza.

— ¿Qué? — Exhaló ella, aturdida.

David se inclinó un poco más cerca, sintiendo que el mundo se reducía a ella y a él.

— Siempre te he amado… Y ya no puedo seguir ocultándolo más.

Un silencio cargado de electricidad los envolvió, Mari apenas podía respirar, sus sentidos se quedaron atrapados entre el miedo, la confusión y el deseo.

Los labios de Mari temblaron al escuchar esas palabras, y el corazón le latía como un tambor de
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