Fue entonces cuando la puerta de la casa se abrió una vez más y salió Soleil, con uno de sus diminutos vestidos ajustados y sus tacones de aguja, caminando con cuidado como si ya tuviera un embarazo avanzado.
— David, cariño… ¿Ya subiste las maletas? — Voceo Soleil como si de verdad ella y David tuvieran algo.
De nuevo, los celos y la rabia abrumaron a Mari, quien con solo ver a esa mujer, todo le hervía por dentro.
David terminó de subir las maletas a su auto y los niños volvieron con sus p