El aroma de la cena flotaba en el aire. Bruno clavó el tenedor en el trozo de carne y se lo llevó a la boca con movimientos mecánicos. Después de tragar, dejó el cubierto a un lado del plato.
—Tía, no tengo tiempo para una nueva pareja —respondió, evitando su mirada—. En verdad, mi vida ya es lo suficientemente complicada como para añadirle más problemas.
Florencia lo observó con esa mezcla de ternura y firmeza que solo una mujer que lo había criado podía tener. Luego sus ojos, surcados por arr