Gema regresaba agotada de su guardia nocturna. Mientras introducía la llave en la cerradura, una voz áspera y sedosa que reconoció al instante, la paralizó en el acto.
—Señorita Gema.
El aire escapó de sus pulmones en un suspiro brusco. Forzó sus músculos fatigados a girarse para encontrarse con el hombre que el día anterior, había sembrado en ella una tempestad de dudas y una confusión que permanecía aún en su cabeza. Allí estaba Pavel, apoyado contra la pared. vestido como siempre, con una ca